Pólizas, Seguros, Soat

¿Prevenir o lamentar?

Los seguros, la opción para las personas que preven el futuro.

 

El ser humano por naturaleza tiene un instinto de conservación y protección que le permite mantener todo bajo control; sin embargo, estos mecanismos de prevención no son tenidos en cuenta con anticipación sino en la situación de riesgo, y es después de haber perdido algo realmente valioso, donde caemos en cuenta de la importancia de prever ciertas situaciones.

 

Nuestra cultura está acostumbrada a vivir sin preocupaciones, a esperar lo mejor de la vida; pero vivir de esta manera, no sólo nos afecta como individuos, sino también como familias y como empresas; por ejemplo, es usual, que muchos padres de familia no compren un seguro de vida, sólo por pensar que están “atrayendo la mala suerte”, para algunos es preferible creer que no existe ninguna posibilidad de morir o sufrir un accidente, a tomar acciones hacia el futuro, que les permitan garantizar el bienestar de sus familias.

 

De esta manera, el fin de un seguro, es prevenir contingencias presentes y futuras; más que un costo, es un beneficio en potencia. Si bien, no estamos seguros de que algo suceda o no; de lo que sí podemos estar convencidos, es que un seguro, de la índole que sea, es un respaldo económico para cubrir eventos inesperados; no queremos decir con esto, que la muerte de alguien que amamos sea apaciguado con el signo pesos, pero si nos ayudará a afrontar de mejor manera los retos que aquello conlleva.

 

Los seguros son tan importantes en la vida de las personas, y han tomado tal relevancia, que hasta los mismos gobiernos, legislan y obligan a particulares y empresas a adquirirlos, por los mismos riesgos económicos que se corren, como es el caso de los seguros de accidentalidad (SOAT), los cuales tienen un peso enorme en la sociedad, por el alto volumen de accidentes que se presentan a diario, y el gran número de personas que pueden dejar afectadas en cada caso.

 

Hoy en día tener un seguro no debe considerarse un gasto sino una inversión, que atiende a unos riesgos imperantes del medio en que vivimos, ya que hacemos parte de un entorno lleno de contingencias que pueden salirse de nuestras manos en el momento menos esperado; afectando nuestra integridad física y emocional, nuestras empresas y familias; generando inconvenientes con personas o entidades externas a nosotros. Por lo que  “es mejor prevenir que lamentar” como bien dice el adagio popular.